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Por Alberto Martínez, Académico universitario.

En el primer gobierno de la Presidenta Bachelet se firma junto al entonces Ministro de Hacienda Andrés Velasco el convenio de adhesión de Chile a la OCDE en Enero del 2010. Desde ese entonces nuestro país comienza a compararse con los otros países miembros de la OCDE y uno de los indicadores es la productividad.

La productividad es una medición de eficiencia que refleja al compararse con otros la competitividad de éste. En esta materia Chile se encuentra según los estudios, muy por debajo de países como Estados Unidos, Polonia y del promedio de la OCDE (Chile posee menos de la mitad de la productividad laboral que Estados Unidos). Con este resultado no nos quedan más que desafíos para poder mejorar nuestra competitividad y poder obtener mejores empleos tanto en calidad como en remuneraciones.

Mejorar la productividad de un país debe ser prioridad en las políticas públicas lo que se traduce en la velocidad del crecimiento económico medido internacionalmente por el PIB (a Chile lo podría hacer crecer al 5 ó 6%). Se requieren de un cambio significativo y real en la fuerza laboral, en un sistema educacional y cultural Chileno. Para ello se requiere de una reforma laboral con capacidad de negociación más flexible, una reforma tributaria más simple y eficaz, agilizar los trámites en la constitución de empresas, disminuir los tiempos en resoluciones para permisos tales como patentes municipales, medio ambientales. Innovación en procesos y negociación a través de adquisición de tecnología y/o cambios en el cómo se hacen las cosas. Aprovechar mejor las tecnologías disponibles e incentivar el teletrabajo. En Educación con programas que respondan a las necesidades futuras y articulados para que los estudiantes puedan obtener títulos intermedios, carreras técnicas de alto nivel y Académicos de clase mundial.

Las instituciones del Estado como CORFO e INDAP y otras, tienen un gran desafío: mejorar la productividad de Chile.